PoleFitness. Perfil NPF#1

Pole1
Por Sara María Uribe.
Fotografía por Sur Nadie Artífice.

Con esta entrada abrimos nuestra nueva serie de perfiles deportivos “No pongás Futbol”. Un espacio para mostrar a deportistas de disciplinas poco visibles en Medellín desde quienes son y cómo sus prácticas los han moldeado. Aquí no hay nada contra el balonpié, pero con una página en cada periódico no hace daño que nosotros nos creamos diferentes. De pronto usted hasta se antoja.

Al suroeste de Antioquia, en la navidad del 92, una pequeña de cabellitos lacios le abrió los ojos al mundo.

La llamaron Melissa. Creció en la ciudad. Y entre sus pasiones se encuentra quedarse suspendida en el aire como si la gravedad no la tocara.

Melissa Jaramillo es una mujer delgada, de brazos y piernas firmes, cuerpo volátil y sonrisa benévola, dedos alargados y tenues facciones en su cara. Es una mujer que ama con vehemencia y transmite energía que conforta.

Siempre encontró felicidad en deportes que emergen de la danza armónica del cuerpo, y en ese camino encontró el Pole Fitness. Una variable del Poledance enfocada al entrenamiento físico por encima del baile. Allí halló la fuerza corporal y el dominio de su mente al sumirse en una disciplina en la que intervienen una barra vertical y su cuerpo. El resultado es una armonía que conjuga el acondicionamiento físico de cada músculo con la seguridad y la confianza que entiende todo aquel que se atreve a subirse al tubo tras cada caída.

Ella describe sus entrenamientos como un reto constante que le entrega una sensación intensa de poder y bienestar, mejorando no solo organismo sino mente y el espíritu.

Melissa incorporó a su vida hace dos años el reto de hacerse más fuerte y poderosa en la altura. Y lo hace agarrada de un brazo, apoyada de una pierna, dando giros o permaneciendo de cabeza. Desde entonces dedica 10 horas semanales a buscar alcanzar sus capacidades máximas, y a transmitir todo su conocimiento y pasión a sus alumnas, quienes confían en la efectividad del deporte pero sobretodo en ellas mismas para llevar a cabo sus logros.

Ella vive con ímpetu. Le acaricia las orejitas a su gato, come chocolate con almendras y ríe. Ríe de gozo y de esperanza. Ríe con fortaleza, no soporta los silencios en compañía, ni la quietud como estado permanente, sus pies se mueven en múltiples ritmos y cree en una fuerza poderosa que rige al mundo. Cree en su propia fuerza.

Melissa trabaja la comunicación del cuerpo, promueve el enamoramiento constante, la confianza en las capacidades propias (a veces impensables), lucha contra la gravedad y contra los límites autoimpuestos, fortalece la permanencia de su amor propio, pero sobre todo el disfrute de la vida en cada uno de sus ritmos.