Polémicas de cartel

CaspaPor Juan Sebastian Villa Ortiz
Ilustración por Procrastination of Evil

 

Advertencia. Esta columna de opinión es perjudicial para radicales.

 

A menos de una semana de Altavoz, las redes sociales han visto su justa ración de opiniones sobre el cartel de este año. El revuelo ha sido tal que, por primera vez desde que este medio comenzó, siento que vale la pena romper con mi precavida costumbre de no opinar.

Al día siguiente del anuncio final del cartel de Altavoz, un integrante de Bajo Asfalto me comentó que pensaba que las bandas eran una bazofia. Casualmente yo me había pasado la noche anterior escuchando los hits de cada proyecto invitado, y un show en vivo de cada una al menos de 2012. Le pregunté entonces si conocía las bandas, a lo que respondió que no. Le conté lo que había sido mi plan la noche anterior y sin más le dije

“Estás tomando tu ignorancia y juzgándola como conocimiento”.

Así somos en BA. Amor duro.

Lo que diré aquí es mi opinión personal, y no afecta ni define la disposición de cubrimiento este año, en especial porque este enfoque apunta a Altavoz como comunidad y no como concierto. Tampoco refleja un ápice la posición de Bajo Asfalto ni de ningún otro de sus integrantes.

De las bandas invitadas me gustan 2 (de 8), pero eso es irrelevante dado que yo busco que me sorprendan. Y es que a eso se resume la discusión. ¿Está Altavoz para traer a las bandas que nos gustan o para ampliar los horizontes de nuestra escena?

No creo que querer sonidos nuevos es particularmente mejor que buscar escuchar los que ya se conocen, pero soy malo para tolerar argumentos sin bases.

Si Altavoz es un espacio para que la escena local independiente (y sus agrupaciones) crezcan, traer buenas bandas invitadas que Medellín no conozca es una buena apuesta.Construir escena con las bandas que más hemos escuchado suena a aprender a escribir cursiva continuando únicamente con letra despegada. Obviamente ver la puesta en escena de un proyecto como Amon Amarth, Emily Autumn, NACH o cualquier otro exponente ampliamente conocido de un nicho local enseñaría mucho a la escena, pero lo que las bandas pueden aprender de ellos se estudiaría mejor en Youtube y no desde la multitud; y lo que al público le falta aprender está definido por algunos como decencia básica.

Es cierto que los festivales privados suelen armar carteles basados en traer las bandas más conocidas que puedan pagar. Estos tienen que correr con todos los gastos, muchas veces sin apoyo gubernamental, y las pérdidas salen de sus bolsillos. En Altavoz todo ya fue pagado por la alcaldía, y esto les permite lujos más “experimentales”.
Ahora: puede que Altavoz quiera traer a Zoé, Motörhead, Rolling Stones, M.I.A, Steve Aoki y hasta sacar de la tumba a los Ramones, pero que su presupuesto no alcance. Eso ya sería asunto de cuánto le quiere invertir la alcaldía a este festival, y que lo den requiere, así como niños regañados, que nos portemos bien. Nada de berrinches por no poder entrar, nada de colar latas. Nada de ser absolutos hijos de puta egoístas, que el concierto no es sólo para uno y los parceros.

Odiosa y repetida comparación, pero aunque Wacken es uno de los festivales privados más grandes del mundo, teniendo un cartel principal lleno de bandas famosas, también promueve la creación de escena a nivel mundial. Metal Battle es un concurso que cada año lleva bandas casi desconocidas de decenas de países a Tierra Santa a mostrarse en el festival de metal más grande del mundo (Que pena hablar tanto tanto Wacken, pero uno habla de lo que conoce).

Pero volviendo al cartel que veremos este fin de semana. Más allá de que me gusten o no, o del tamaño que tengan, yo veo desde mi ignorancia de los nichos específicos que las 8 bandas invitadas son relevantes para las escenas particulares a las que responden. El gusto se hace irrelevante porque yo no soy nadie (y probablemente usted tampoco) para saber qué es lo mejor para una comunidad tan compleja como la escena musical independiente, local o nacional. Como toca recordar cada año para cada concierto, nunca nos podrán tener a todos contentos. Pero al final altavoz no se hace para mi, ni para vos. Es para una comunidad de la que ninguno de nosotros es representante.

Yo voy a que me sorprendan. Si los invitados son buenos o no, eso se verá reflejado en nuestro próximo artículo. Igual yo voy con la esperanza de ver buenas bandas locales sacarla del estadio. Reel Big Fish y los demás son para mi la decoración del pastel.

(Gracias a Procrastination of Evil. Por la imagen, por las risas, por las bofetadas al radicalismo)