Cien

Porcinoal100N

Por Juan Sebastián Villa

Qué aburrido debe ser abrir un título tan ambiguo y encontrar un nostálgico texto de cómo ha sido el viaje desde 2011 hasta septiembre de 2014 como medio independiente. Por eso, aparte de un par de agradecimientos, esto no tendrá nada de lacrimógeno.

Hablar del centésimo post de Bajo Asfalto incita a hablar de Medellín. Pero desde 2011, cuando BA era apenas un trabajo final para una materia, a 2014 que nos vemos como un medio con aspiraciones internacionales, sentimos que de tanto jugar a moldear a Medallo en letras, Medallo nos ha moldeado a nosotros en esencia.

BA comenzó con la premisa de que Medellín era una ciudad con un underground bizarro, lleno de definiciones e influencias externas, pero ajeno a sus más orgánicos secretos. Nosotros comenzamos creyendo que Medellín es un compendio de verdades fragmentado entre sus habitantes, donde nadie termina de comprender a la ciudad.

Pero interesar a Medellín en estas nimiedades es un asunto complejo. Con la entrada de nuestro pasado director gráfico, Juan Pablo Trujillo hubo muchos cambios. Él y su calidad gráfica, junto con nuestro primer cubrimiento de Altavoz en 2013, nos posicionó con una etapa de numerosos eventos, donde buscamos enfocar nuestra visión de lo underground a lo masivo, las identidades visibles, los personajes urbanos y los discordantes macrodiscursos que recoge esta taza.

Mentiría al decir que entre taches, gafas oscuras, converse y peinados estrambóticos no está Medellín, porque de leer, observar y viajar uno se da cuenta que ningún lugar es sin influencias externas. Nosotros no inventamos el neopunk, nuestro no es el hip hop de calle ni el rock en español; pero cada uno de esos conceptos que nuestros viejos juran de afuera se ha reinventado hasta darles el apellido De Medellín.

Nosotros podemos dar fe que como concepto, Medellín no termina en las fronteras con Envigado o Bello. Medellín es una identidad que abarca el Valle de Aburrá entero, parte del oriente antioqueño, y un par de lugares más. Para la prueba pregúntele a un habitante de Copacabana de donde dice que es cuando viaja a otras regiones del país. Medallo es un concepto complejo donde se ven tiendas rastas que venden navajas, pro animalistas que ignoran a mendigos, anticapitalistas con mac, espacios donde se vende el niño Jesus al lado de pentagramas y menjurjes, premios de arquitectura que son dinamitados por fallas estructurales, entre otros bocadillos. La incoherencia salta a la vista en cosas tan simples como querer la paz para el país pero mentar la madre por un mal cruce.

Si ninguna de las anteriores puyas le pegó, no se sienta salvado. Ser de Medallo implica ser incoherente en algún aspecto.

No somos únicos. No pasa solo aquí. Pero esta esencia ácida e irónica de Medellín hace que quienes lo vivimos seamos usualmente expresiones de sus dualidades. BA se alimenta constantemente de este tono mordaz, y lo utiliza como punta de lanza para romper la tension. Porque en la ciudad donde no se pierde un peso (ni una bala), uno aprende a reírse de lo que está mal para estar mejor.

Y es gracias a esta retahíla ilógica que BA aprende a diario que Medellín es único, no por no tener comparación, si no justamente por poder compararse con tantas realidades externas, y discernirse al final de todas. Nos enfrentamos cada día a que esta ciudad no se entiende desde el radicalismo, porque en el cruce de verdades particulares y falencias de nuestra sociedad se encuentra un universo pintoresco, tenso y hasta noble. Agradecemos a Medellín por devolvernos a nuestras raíces. Ese underground a nivel del habitante que pisa el Asfalto.

Si es de agradecer. A Medellín le debemos la malparidez, el enfoque burlón, pesimista y con ansias de despertar en un mejor lugar (Y además eso de prestarnos el espacio para hacer y deshacer).

A Hector Duque y Juan David Berrío, por haber creído en el proyecto desde que no era si no un pdf para una materia. A Juan Pablo Trujillo por enderezar a juete el enfoque fotográfico, a Nicolás Acosta por nuestro logo, los asfaltocarteles y la actual identidad gráfica. A Camila Rodriguez por las horas de trabajo para darle un armazón interno. A María Paulina Arango por llevar el timón mientras nuestro director hacía de las suyas en Europa. Y entre todo esto a Juan Jacobo De la Cuesta. Por ser la voz de la consciencia que tantos tropiezos nos ha evitado.

A Altavoz y Wacken les agradecemos haber sido nuestros espacios de desarrollo y crecimiento, disparando nuestro alcance. A Jens Nolte por guiarnos en el país del Metal y presentarle a nuestro director un lugar mejor y más bonito. Donde los fotógrafos no se creen divinos miembros y los fans no miran feo; y a Bazofio Alveiro por ser razón de sonrisas para todo quien se retrata con él.

A nuestros geniales ilustradores, a nuestros fotógrafos del putas, a nuestros pocos pero versátiles redactores. A cada uno de los que ha pasado por Bajo Asfalto, y a los que todavía se pueden llamar GBA’s; por los frutos de su esfuerzo y sus momentos de ridículo en las Asfaltofarras. Gracias.

Y por último, justamente porque con lo más importante se cierra. Gracias a todo nuestro público. A cada uno.
Gracias a quienes nos leen, ojean, critican, comparten. A quienes hablan mal de nosotros y a quienes nos alegran el día al decirnos cuando reciben una tarjeta nuestra, Yo ya los leo :).

Lo que queda de 2014 y todo 2015 serán épocas de mucho trabajo. De encontrar en otras fronteras aliados para traer a Medellín el contenido que se merece, de mostrarle a la ciudad sus perlas ocultas, y de llevarlas a otros parajes sin perder la esencia ácida, indescifrable y fuerte que tiene esta hirviente taza de plata.


Nosotros seguiremos escarbando en lo bajo del asfalto.