Concierto radiónica 2014. Medellín

IMG_1026

Por Sara María Uribe
Fotografía por Juan Restrepo.

 Esa tarde tocaban 14 bandas. Coincidían en tiempo, energía y propósito. Era domingo y la gente esperaba impaciente. La fila no era apoteósica, la vibra sí. El Teatro Pablo Tobón Uribe abrió sus puertas en Medellín cerca de las 3 de la tarde. La gente iba llenando el teatro, así como en Bogotá y  Cali, llenaban la Media Torta y el Teatro Jorge Isaacs para disfrutar del concierto Radiónica 2014.

IMG_0758

Tarmac abrió el evento y el suelo del teatro empezó a temblar. Riggaz decía reggae y todos gritábamos music. El ritmo se posesionó y las luces del techo le hicieron corte. Había entre el público una mujer de vestido negro y cabello recogido, hablo de ella porque era feliz .Su cuerpo era libre y su cara explotaba, le bailaba a Riggaz y le tiraba besos desde abajo.

El lapso entre las bandas era corto, el tiempo alcanzaba para tomar aire y cambiar de posición.

IMG_0836Al escenario se subió Carlos Elliot. Yo ya lo había visto abajo, vendía sus discos en la entrada del teatro. Tenía que ser blusero, con el pelo largo y el espíritu etéreo. Sacó su intrumento y empezó a tocar. Hubo una conexión esotérica entre pies y mandíbula, porque todos bailaban y sonreían. Elliot decía que el blues es el supremo donde nace el alma y que esta tierra mística que nosotros llamamos América y nuestros indígenas hallpa, es la sangre vital, la esencia, el todo. Elliot creaba una fusión entre cuerpo y guitarra. Recuerdo que hicimos el ritual del fuego, bajo el poder de su guitarra. Se bajaba del escenario y corría por las escaleras, se detenía a bailar y volvía a subirse.  También recuerdo que la última canción se llamaba Dance with me y las piernas me quedaron temblando cuando concluyó.

IMG_0922

“Damas y caballeros sean ustedes bienvenidos a esta simpática fiesta, no tome asiento no se llene de confort, déjese llevar por nuestros colores y por nuestra angustia”. La gente corrió hacia la parte delantera del teatro, justo debajo de los Petit Fellas.
La expresión de sus rostros se inmiscuía entre la luz intermitente del teatro. A todos los  veía cantar. Pensé que la mujer del vestido azul que bailaba detrás de mí iba a caer rendida de excitación. “Si tienen a alguien al lado a quien puedan besar ¡háganlo! Y seamos más felices”. La gente era obediente. “Si la fuerza me falta: vuelvo y respiro, me inspiro, te miro, transpiro, escribo y tiro un suspiro”.

El final fue justo. Tres de corazón hizo poguear a algunos y gritar a otros. Quietos todos llegó esta banda y estamos armados con nuestras guitarras. Ahí fue cuando empezamos a recordar la puñalada al corazón, el maldito diciembre y su tonto colorido y esa tarde del 96. Sebastián Mejía nos agradecía la presencia, pero la gratitud era nuestra y las sonrisas lo comprobaban.
IMG_1007

Ese domingo, a la misma hora, en Cali y Bogotá, había otros saltando, con el ritmo pegado a la punta de los dedos, despidiendo una de las versiones más importantes del concierto Radiónica.

Y así terminó, con el sonido místico de la música, cuando la emoción se sincroniza.