De Mujeres, Camiones y Metal

Por: Juan Jacobo de la Cuesta

Fotografía: Juan Sebastian Villa

Chica Subterraneo - Bajo Asfalto (1)

Cuando me pidieron que cubriera la premiación del concurso ‘Chica Subterráneo’ pensé que me habían planillado para que asistiera a un toque de bar como tantos otros, con la diferencia de que éste en particular tendría unas cuantas niñas metaleras concursando y a Tenebrarum tocando en un local, la cual es ya una imagen bastante singular. Con esa idea en mente llegamos el fotógrafo y yo a un callejón en medio de bodegas, talleres mecánicos y fábricas; allí, escondido, nos esperaba el bar Hamburgo.

Chica Subterraneo - Bajo Asfalto (2)

No mucho después de llegar, y mientras el sol terminaba de ocultarse, comencé a darme cuenta que la noche que creí transcurriría sin sobresaltos, terminaría siendo un evento digno de “Colombia’s Next Top Model”. A un lado del callejón, frente al bar, había un enorme camión refrigerado, de  esos que llevan carne en canal. Aquel fingiría por esa noche como camerino para las concursantes y las bandas, o esa era la idea original, pues debido a algunos inconvenientes, y después de subir y volver a bajar bancas, maletas y mujeres del camión, debió ser descartada.

En medio de dicho trajín uno de los organizadores dijo una frase que dictaría el curso de la noche: “Esto es lo bonito de este trabajo, uno no sabe qué cosa va a resultar cada día, y cada una es más extraña que la anterior”.

Las siete de la noche, hora de inicio del evento, habían pasado de largo y las concursantes no habían sido maquilladas. Aún peor, no había un lugar para hacerlo. Y mientras el público comenzaba a llegar, la tensión aumentaba. Finalmente se decidió cambiar la programación, Umbra, Solsticio y Athemesis abrirían el evento mientras las niñas pasaban por maquillaje en el más improvisado camerino: un taller de camiones, el mismo de donde el camión/camerino original había salido.

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Chica Subterraneo - Bajo Asfalto (4)

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En medio de herramientas y motores, bajo la mirada de la Virgen María y la voluptuosa modelo de un calendario, se estableció el centro de operaciones. La inverosimilitud del backstage logró calmar los ánimos, y entre risas, maquillaje, cambios de atuendo y referencias a Jorge Velosa y su Julia, Julia, Julia se pasaron un par de extrañas horas. ¡Cuándo se me hubiera llegado a ocurrir que iba a terminar ahí metido!, sin duda habría tomado en broma a quien me dijera que pasaría buena parte de mi noche de sábado en un taller viendo cómo las concursantes posaban con un marrano de Lego y practicaban una provocativa coreografía al ritmo de Cherry Pie de Warrant; siendo testigo de cómo a una de ellas le rompían el corazón por teléfono y de cómo otra, despampanante, dejaba con la boca abierta a quién se lo había roto tiempo atrás. Cuando pensaba que la situación no podría tornarse más surrealista, llegaron sánduches y gaseosa, la gente de Tenebrarum y las ahora ubicuas #Selfies.

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El fotógrafo se aseguró de quejarse religiosamente cada 10 minutos por la pobre iluminación, pero él también sonreía en silencio contemplando el absurdo cuadro del que hacíamos parte.

A eso de la media noche, y a pesar de los inconvenientes, se realizó la premiación. Las concursantes hicieron su coreografía en un estrecho escenario con nimia luz, y finalmente se eligió a la nueva Chica Subterráneo: Daniela Salazar, quién fue premiada con bonos para ropa,  tatuajes y accesorios por parte de los patrocinadores. Ella será por un año la imagen de la Revista Subterráneo.

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Terminado el evento, partí. Al subirme al taxi con el fotógrafo y una de las participantes (¿Guiño, guiño?) tenía una nueva anécdota para contar en alguna velada de polas. Eso es lo bonito de este trabajo, sí, pero no tenía el más mínimo interés de saber qué otras cosas iban a resultar de esa extraña, extraña noche.

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