MAYHEM, una buena fiesta privada.

Fotografía por Julio Ángel Zuluaga.
Texto por Alejandro Pérez

El sábado 28 de junio, el último del mes, llegué a la casa de un buen amigo en la capital de la montaña relativamente temprano para mis labores, arribé a la casa de un buen amigo de esos que solo veo de vez en mes, para darme cuenta de que terminaría en una noche de fiesta sin planear: MAYHEM me esperaba para bailar toda la noche.

Ya sentado en la Villa del Aburrá esperaba sin mi amigo a mi contacto de Bajo Asfalto para mi primer cubrimiento con ellos. Llegó poco después de la hora convenida, pero lo suavizó diciendo que por lo general las fiestas de electrónica empiezan tarde. Tras la presentación de rutina nos pusimos en camino al evento. En la publicidad del evento el recinto figuraba con el nombre de SET Room, pero al momento de llegar en la fachada del edificio todavía se veía el cartel de CAPITAL. Lamentando la ausencia de un mapa en la información del evento, llegamos a las puertas del local.  La palabra mágica. –prensa–. Un chequeo en una lista; y estábamos adentro.

SET Room resultó ser una estructura magnífica, ni muy grande ni muy chica, que al frente de la pista de baile tenía una especie de caja de cristal donde se aislaban un poco los DJs para hacer lo suyo. Un segundo piso que apenas por una baranda se distinguía del primero y unas ventanas que a lo lejos estaban adornadas de las luces de la ciudad, panorama que también se podía distinguir desde los parqueaderos y desde una pequeña plataforma que tenía acoplado un catalejo enorme de esos que funcionan con monedas y te dejan deleitarte con el paisaje.

La música ya tenía a la gente moviéndose, pero la contada asistencia al evento me planteó la duda eterna de cómo podría realizarse un festival de electónica en Medellín cuando los seguidores son tan radicales con los géneros. Y si con doce exponentes de diferentes estilos, el público no respondía en masa. ¿Sería esto por el formato de la fiesta? ¿O por no querer pagar para apoyar un género ajeno?. Me sorprendió encontrar de nuevo a mi amigo, quien me ofreció un Whisky. Me paré en la pista de baile y empecé a buscar más caras conocidas sin muchos frutos. Un par de amigos de antaño, un conocido y un par de mujeres que creo tener en el limbo amistoso que es Facebook. Tengo que admitir que la cantidad de mujeres hermosas en la fiesta (equivalente a la de tipos con pinta futbolera) me tomó por sorpresa. No sé si el género musical es un imán para ellas, porque durante bastante tiempo me sonó a la misma maqueta comercial que te venden las emisoras, y pensé que sus exponentes eran peleles sin talento que sabían pulsar coordinada y certeramente las teclas de un portátil. Son eventos como estos los que me hacen querer disculparme con los DJ’s y la escena, porque realmente no hay otro lugar para apreciar la electrónica diferente a los eventos. Ningún taxi con la “X”  va a servir.
Hay que reconocer también que el baile no es mi fuerte y por eso la Electrónica se ha ganado un espacio en mi corazón porque para bailarla sólo hay que sentir el bajo, y los beats te hacen el ambiente desde los altavoces hasta tu estómago. Como una especie de digestión sonora.

Aparte de un par de errores, y dedos en el botón equivocado, La música en MAYHEM estuvo excelente. La electrónica tiene esa capacidad de hacerte bailar hasta llegar al punto de olvidar los problemas. No tengo claro si la distracción se la debía a la música o a la pelirroja de mirada provocativa que tenía al frente. A mi lado una mujer de pelo negro bailaba sola, perdida, con una botella de agua en la mano. ¿Será para las pepas el agua? ¿O por simple hidratación?, Pienso, y a mis manos llega otro whisky. La euforia a mi alrededor es total. Y yo no resuelvo ninguna duda así que me zampo un trago más.

La noche para mi terminó a las tres de la mañana. MAYHEM nunca llenó el local, pero cumplió con su misión de mostrar a doce fuertes exponentes de la electrónica en sus diferentes facetas. El hambre me sacó de la fiesta, arriba en las palmas, y nos hizo hizo regresar a la Villa del Aburrá y luego a una cama a dormir, sobrio pero feliz.

Mayhem como fiesta privada fue un éxito, pero la falta de asistencia, que siempre deja la duda de ser poco interés de la escena o tema de la organización del evento, deja una duda que quisiera resolver pronto por el bien de la electrónica en Medellín. ¿Qué hace falta para que la electrónica despegue en la ciudad?