Lo que Wacken tiene para enseñarle a Altavoz (y viceversa)

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Por Juan Sebastian Villa.
Fotografía por Juan P Trujillo y cortesía de Disctopia

Wacken Open Air, el festival de metal más grande del mundo llevado a cabo en un pequeño pueblo alemán de no más de 2.000 habitantes, tiene mucho qué enseñarle a festivales como Altavoz en cuanto posesionarse como un evento de renombre mundial. El proceso de mejoramiento que tan claro se vio en 2013 bajo la dirección de Felipe Grajales junto con David Viola y Mónica Moreno muestra que el evento tiene fuego, pero lo que ahora se requiere no está precisamente en las manos del Staff.

El año pasado Altavoz amplió sus barreras en una movida que apunta a convertirlo en una escuela para el ruedo de la música en Medellín. Usando como base un ciclo de talleres formativos abiertos al público que buscan dar herramientas a los participantes para hacerlos más competitivos y eficientes a la hora de llevar adelante sus proyectos, Altavoz buscó unir medios alternativos, productores y artistas bajo la bandera de la música independiente (Término que a fondo no entendemos en BA, pero que dejamos pasar como jerga).

Este proceso, que continuará durante 2014, se suma a que este año Altavoz audicionará a las bandas en vez de recibir material grabado. Esta decisión busca adaptarse a la particular situación musical de Medellín, donde grabar sigue siendo un lujo, y la escuela se mantiene basada en la actuación en vivo.

Wacken y Altavoz son dos animales diferentes. El Wacken Open Air es un evento privado que funciona con su propio capital. Esto le permite libertades que las directivas de Altavoz pujan por ganarse cada año. Claro ejemplo de esto ha sido la aparición en 2012 y posterior mejoría en 2013 de una segunda tarima. W.O.A tiene 4 escenarios que proporcionan a los asistentes una oferta de experiencias, pero tal necesidad logística, junto con que el Wacken es un inmenso camping, llevan a la diferencia más notable entre los dos eventos.

Wacken Open Air entiende que sus 80.000 asistentes anuales no caben ni en el infierno, menos sumando alrededor de 6.000 almas más que conforman el staff y los medios. Es por esto que en vez de buscar un inmenso escenario en la ciudad, Wacken resuelve el problema del espacio usando un pequeño pueblo (Llamado Wacken) cuya economía gira durante esos 3 días alrededor del evento. Camisetas negras y largas melenas provenientes de todo el mundo llenan los 7.1 kilómetros cuadrados que posee el poblado, y aún con 4 escenarios, más de 60 bandas confirmadas para este año y más de 10 personas por metro cuadrado; Wacken logra salirse con la suya. No puedo ser el único que se pregunta como lo logran; ¿Algo relativo a las carpas del torneo mundial de Quiddich?

Si usted cree que realizar Altavoz en un pueblo periférico a Medellín sería más problema que solución para Altavoz, pienso que tiene la razón. Pero no por las razones que cree.

Si hay algo que Medellín necesita aprender del festival donde más se volea greña en el mundo, es que el compromiso va en los fans. Nuestro festival internacional de Cine se realiza en Santa Fe de Antioquia, y ocurre de manera similar al Wacken. Aunque como evento no tiene costo, y no se compare con una entrada que pasó hace rato los 100 euros, a Santa Fe va el gentío que va porque el festival tiene una identidad. Posee capital cultural, así cómo el Wacken Open Air; y Altavoz debe reforzar su identidad a través de una dificultad que como medio luchamos por cambiar. Figuras cómo Jorge Barón tienen a Colombia mal acostumbrada a que el entretenimiento es gratis. Altavoz no puede darse el lujo de traer bandas tan grandes que revienten la ciudad,y tampoco de organizarse en un pueblo que permita camping y otros lujos que faciliten la venida de fans otras ciudades y países principalmente porque el público de Medellín no entiende la responsabilidad que tiene con los eventos de la ciudad. Altavoz no podría realizarse en las afueras, así esto le permita expandir su potencial, porque su público es muchas veces facilista.

Pero en Medellín no solo hay festivales gratuitos como Altavoz. Del Putas, Brutal Nation, Hip4 entre muchos otros tienen que luchar con un público que quiere que le traigan a Mötorhead, a NACH, a Crystal Castles y a Varg Viekerness recien sacadito de la carcel a precio de huevo. Si como público no pagamos los $50.000 que puede valer el más costoso de estos festivales privados (Así nos traigan 3 bandas internacionales), podemos estar seguros que Antioquia nunca tendrá los eventos que sueña tener. Si usted cree que Román Gonzales, Felipe Lopez u otros organizadores solo traen a las bandas que ellos quieren (y bien puede ser cierto), Bajo Asfalto lo anima a que cree su propio Fest, y le ofrece su apoyo con el mejor cubrimiento que pueda darle.

Altavoz tiene por su parte ventajas que el público no puede disfrutar en el Wacken Open Air. Aunque los dos cuentan con soles calcinantes y lluvia fija, Altavoz en 2013 deleitó con un piso de primera. Una corta búsqueda en google mostrará que el barro se convierte por obligación en una diversión más en el W.O.A. Altavoz Es un festival económico (Y no contamos como razón su gratuidad. Sus impuestos pagan su entrada). Gracias a la gestión de 2012 y 2013 Altavoz es un festival donde la comida y los souvenirs son bastante amigables con el bolsillo porque sus organizadores quieren que hasta el punk más podro pueda comer y beber sin sentir su economía afectada… O eso creemos. Pero principalmente permite a bandas de calidad pero sin trayectoria pararse en un escenario de talla mundial y gritarle al mundo su música.

Medellín está encerrado entre montañas, sí. Pero no por eso ignoramos que para fortalecer nuestra creciente escena musical es necesario conectarse e intercambiar con otros círculos. En 2013 Altavoz estableció sus primeras ruedas de negocios, que junto con el intercambio que viene con el QuitoFest entrega a músicos, productores y managers un espacio para crear lazos con otras escenas. Otros festivales. Otros horizontes.

La fortaleza del Wacken recae en que ha sabido afianzarse en los círculos del metal de todo el globo. No solo buscando ellos mismos las bandas que les interesan, si no con modelos de evento como Metal Battle, que permite que países sin grandes escenas de metal hagan competir a sus mejores bandas por contratos con grandes disqueras, apoyos internacionales, y principalmente por salir a la luz pública y solidificar su espacio musical en el país. India, China, Israel, Lituania y Sudáfrica son unos cuantos de los muchos países que han adoptado el modelo Metal Battle, y es mucho lo que puede aprenderse de él. ¿Podremos ser el primer país latinoamericano en tener su Metal Battle?

Medellín tiene desde los tiempos de Rodrigo D no futuro a un puñado luchando por abrir las fronteras para que seamos una ciudad conectada musicalmente al mundo. Y festivales como el Wacken Open Air tienen sus brazos abiertos a escenas como la colombiana.

El esfuerzo final recae en usted. En el público. Póngase las botas, mándese la mano al dril, apoye a la escena completa (Músicos, festivales, organizadores, productores y medios incluidos), y recuerde que exigir sin haberse esforzado es de mala educación.

¡Espere nuestro cubrimiento de Wacken Open Air 2014!