Rubiela

Texto: Ana Plata

Ilustración: Fernanda Maya

 

Rubiela - Bajo Asfalto

Ahí está ella, otra vez, como todos los días de todos los meses desde que tengo recuerdos; y ahí estoy yo, dirigiéndome al mismo destino de siempre pero con el paso distinto.

Viene de Envigado a esa esquina de Itagüí a buscar a alguien que le preste besos y atenciones. A veces la traiciona y se va para otras partes, entonces la ve uno sonriente, en un bar de los alrededores sentada en las piernas de algún trabajador de la cervecería; pero siempre regresa, es suya.

 Tiene dos hijos que le cuidan en la casa porque “ella es loquita, qué pesar”. Me pregunto si ellos saben lo feliz que hacen a su madre las piernas de los repartidores de cerveza. A veces se para en la reja de la escuela a hablar de ellos con el celador, a contarle cómo va éste en la escuela y lo que le dijo aquel el otro día. Los quiere mucho y cree que ellos la quieren también.

De vez en cuando se le arrima a uno a preguntarle cualquier cosa: ¿será que ahora llueve?, no traje sombrilla. ¿Qué horas son? ¿Las 3? son las 3 desde hace dos horas. ¿Ese de ese carro es el papá suyo? ¿Qué bus está esperando usted? ¿Por qué será que no pasa? Yo le respondo que no sé, que debe ser que hay un taco arriba en San Gabriel y le sonrío, no puedo hacer más por ella ni creo que se quiera sentar en mis piernas.