Ni tan mágico

Texto: María José Díaz

Fotografía: Juan Restrepo

Ni tan mágico - Bajo Asfalto

Escaleras, escaleras, tarjeta cívica, torniquetes, lado derecho, San Javier, escaleras, escaleras, escaleras…

 Piiiiiiiiiiiiii

 Las puertas se cierran y el metro se va. En los asientos de forma cúbica de la plataforma sólo queda ella, ella y su gran bolsa negra. Tiene un pantalón café oscuro, una camisa blanca con rayas opacas, el cabello grasoso y sudado y el lápiz negro de los ojos ligeramente corrido.

 —Aló

—…

—Eh, hola. ¿Cómo estás?

—…

—Qué bueno, y, ¿estás estudiando?

—…

—Ah no, aquí en la estación. Y qué, ¿cómo vas con Jorge?

—…

—Sí, que se dé cuenta de lo que se perdió. Es que ese desgraciado jugó con tus sentimientos. Que se dé cuenta que no puede hacer lo que quiera contigo

—…

—¡Claro!

—…

—No, yo bien.

—…

—Tranquila. Espere pues yo la llamo para que no gaste minutos.

 Pasa el segundo metro, se detiene y abre sus puertas. La mujer permanece sentada, se retira el celular de la oreja, mira el metro, mira al lado izquierdo y mira la pantalla del celular que sostiene con su mano derecha, presiona dos botones, se lo coloca de nuevo en la oreja y espera una respuesta.

 —Hola

—…

—No, no. Yo estoy muy cansada.

—…

—Claro, todo el día. Y ahorita fui a comprar las cosas para la piñata de Daniel.

—…

—Esos carritos son muy lindos. A él le encantan.

—…

—No, pues, le compré los sombreritos, los platos, las cucharitas y unas bobaditas.

—…

—Claro, no ves que me voy a encontrar con él.

—…

—Ah no, pues el más disponible era Fernandinny y me dijo que nos viéramos, que me iba a mostrar la cajita mágica.

—…

—Jajajajajajaja. Sí, sí, el del letrerito

—…

—Sí, me dijo que me llamaba y que nos encontrábamos en una de las estaciones.

—…

—Por eso. Tenés que ir temprano el sábado porque él se presenta en la tarde. Ya cuando todo se acabe nos quedamos un rato conversando.

—…

—Yo no veo uno desde que estaba muy chiquita.

—…

—Sí, vamos a ver con qué sale.

—…

—Bueno, entonces hablamos el sábado. Que estés muy bien.

—…

—Chao.

La mujer mira hacia la derecha, mira hacia la izquierda. Vuelve y mira la pantalla del celular y al no encontrar nada abre la bolsa negra y saca los platos para el cumpleaños de Daniel. Es un paquete de diez platos de Cars.

 El celular comienza a vibrar en su mano y ella presurosa lo contesta.

—Aló .

—…

—Hola, don Fernando. ¿Dónde está?, ¿Se demora mucho?

—…

—Ahhh. Yo estaba aquí en la estación Estadio.

—…

—No, pues, si no se puede hoy, será mañana.

—…

—Listo, chao.

 Ella sostiene el celular en la mano, mira al frente y mira hacia sus lados. Al parecer también se dio cuenta de que hay más gente yendo hacia San Antonio que hacia San Javier. Vuelve a mirar la pantalla del celular y se queda en silencio.

 El tercer metro no demora en llegar. Se pone de pie, toma la gran bolsa negra y entra por la puerta que está al frente del asiento cúbico en el que estuve sentada.

Todas las sillas están ocupadas, por lo que opta hacerse a un lado de puerta.

 Piiiiiiiiii

 Ahora, cansada, se apoya contra la uno de los separadores y mira por la ventana.

 —Próxima Estación: Santa Lucía

 Se agacha, toma su bolsa y espera que las puertas abran. De ese modo, siendo las 8:30 de la noche, sale del vagón del metro y se dirige a las escaleras. Escaleras, torniquetes, escaleras, escaleras.