Medellín sin pantalones

Texto Juan Sebastián Villa

Fotos Julio C Angel Zuluaga

Una marcha de 4000 impúdicos trajo Medellín sin Pantalones a la ciudad, en una marcha que recorrió desde Ciudad del Río hasta el parque Lleras arengándole a quien se les atravesara que se quitara la ropa.

De donde sacó Medellín la idea de no ponerse pantalones no es claro. Mundialmente existen el No Pants Day, celebrado el primer viernes de mayo, y el No Pants Subway Ride, maquinado por Improv Everywhere en Nueva York, en cuya edición de 2006 8 individuos fueron arrestados por conductas inmorales.  Ahora, el marchar sin pantalones en pos de algo parece ser lo que la ciudad le agregó al asunto.

Medellín sin Pantalones buscó mostrarse ante la ciudad como una manifestación a favor de la libertad de expresión, los derechos de la comunidad LGBTI, un despliegue de irreverencia, una muestra de alegría o una excusa para pelar pierna. Dependía de a quien se le preguntara.

Tal como toda marcha en Medellín, el asunto fue más de parche que de discurso, de sentir el poder de las masas, de generar una sensación de comunidad. De verse por un día cómo el centro de la ciudad, y apesar del ardiente sol al inicio de la jornada, no llevar nada sobre las piernas, y en algunos casos sobre el pecho ayudó a muchos a no sentir el bochorno de la ciudad.

Aunque en Nueva York el asunto se hace en el subterráneo, hecho que aquí habría dado a los bachilleres Metro una razón para desempolvar sus bolillos, la marcha logró incluso hacer que dos turistas estadounidenses se despojaran de sus pantalones, y al llegar al Parque Lleras, cayeron justo sobre una reunión de sordomudos, que torta en mano se preguntaban entre ellos, con señas a veces bastante obvias, dónde había quedado el resto del atuendo de ese gentío.

Pasada una hora en el Lleras la cantidad de personas parecía haberse disminuido a la mitad, y en pequeños grupos las personas bajaban hacia la estación Poblado. Algunos apropiadamente vestidos, otros apegándose al hueco legal del momento.

Y en parte los entiendo. Que dificil ha de ser ponerse los pantalones e irse incómodo a la casa tras haberle mostrado el trasero a la ciudad.