Comienzo

Texto: Agustín Rendón.
Ilustración: Luz Stella Jaime.

Medellín Bajo Asfalto

Un tenue llanto se escabulle por entre los pasillos de una clínica cualquiera de esta ciudad; entre edificios, ruido y mucha incertidumbre, dentro de aquella prístina sala, la enfermera rellena el acta de nacimiento, escribiendo así sobre las primeras líneas en blanco de lo que será la vida de un medellinense más. Hora de nacimiento, rasgos físicos, nombre de los padres y hasta sexualidad; desde el momento en que se nace ya hay personas tomando decisiones a tu nombre.

 El niño crece y poco a poco se arma de una identidad, toma prestadas actitudes, primero de su familia y luego del mundo que lo rodea; no pregunta por qué, simplemente actúa, absorbe conocimiento disfrazado de vivencias, se divierte con el mundo. El chiquillo, armado de sus sentidos lentamente aprende a amar, a llorar, a sentir alegría, a disfrutar el roce del viento en su cara, y así, poco a poco, se convierte en un hombre.

En esta ciudad los sueños crecen entre barrotes y lentamente se convierten en recuerdos inmóviles de las limitaciones antaño incomprensibles, y día a día, más punzantes. Una casa para la “cucha”, ser profesional, salir del barrio, tener una familia y demás sueños son los artífices del camino que se ha de escoger y el futuro es el inmaculado lienzo que, decisión tras decisión, cambia de tonalidad y esboza los primeros trazos de aquel incierto desenlace. El elogio a los primeros pasos que da el niño y la decepción tras cada traspié es lo que crea un futuro, en ocasiones fulgurante y en otras opacado por el tedio de la realidad.

 Estamos acostumbrados a los finales con de fuegos de artificio, se nos ha hecho creer que luego de hallar el tesoro, salvar el planeta tierra o besar al sapo se vive feliz por siempre; nos hemos acostumbrado a los envilecidos acaeceres que dignifican o desvirtúan la vida de un hombre, dejando así a un lado el mérito a la vida misma, al contexto, a los primeros pasos, a las tiernas lágrimas de cuna, a los tímidos primeros besos dados al compás del latido de un corazón trepidante.

 Como decía el maestro Serrat; “caminante no hay camino, se hace camino al andar”; entre verso y verso, el camino va gestándose a partir de la incertidumbre, y sólo quedan los recuerdos de aquellos comienzos que dieron rumbo a los pasos que antes habitaban en la imaginación y ahora anidan en nuestros recuerdos. Sólo esos inicios dictaminarán los que será la vida de aquel medellinense más.