Escribir es Comenzar

Texto: Lucas Vargas Sierra.
Ilustración: Laura Blandón.

Comenzar - Bajo Asfalto

«Escribir es comenzar», pone Rubem Fonseca en uno de sus cuentos. Es la historia de un escritor, o mejor, de un tipo que quiere ser escritor y que desecha una historia tras otra mientras pasa horas miserables en su cuartito de pensión pobre, combatiendo cucarachas que no dejan de aparecer, deslizándose asquerosas desde los agujeros de las paredes. Hay una vecina, insoportablemente vieja, insoportable en general. Al final del cuento el escritor la mata, ahorcándola, ambas manos alrededor del cuello de ella. Entonces, sube a su cuartito y empieza por fin una historia que le gusta. El asesinato lo prepara para escribir. El final de ella es el comienzo de él. El final del cuento es el inicio de su historia.

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«Estas son las últimas cosas», escribe ella. Así abre Paul Auster una novela breve de horror y esperanza. En mi biblioteca los libros de Auster están junto a los de Roberto Bolaño, en la sección de la editorial Anagrama. La narradora de “El país de las últimas cosas” se llama Anna Blume y en mi cabeza se parece muchísimo a Auxilio Lacouture, la narradora de “Amuleto”. «Ésta será una historia de terror», comienza ella. Ambas novelas cortas son geniales. De ambas narradoras puede uno enamorarse. Ambos libros inician como una emboscada perfecta:

«Desaparecen una a una y no vuelven nunca más». «Será una historia policiaca, un relato de serie negra y de terror». «Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello». «Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá». «Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo». «Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz».

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Soundtrack para empezar el día:

Baba O’Riley — The Who, en la versión de Pearl Jam; Dazed and confused — Led Zeppelin; Handlebars — Flobots; Lazy — Deep Purple; Shine on you crazy diamond — Pink Floyd.

Dos de café, una de milo, una de azúcar, leche.

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RITO DE INICIACIÓN

Una noche la ciudad es otra.

Los amigos se han quedado atrás

o dormidos

y estás solo.

No se escucha más que tu corazón palpitar,

y por un instante piensas

que son las calles quienes palpitan,

y sientes miedo.

Del animal enorme que te rodea,

de las historias que has oído,

de tus recuerdos y tu soledad.

Dices:

Si puedo permanecer afuera y despierto

hasta que salga el sol,

algo habrá cambiado,

algo pasará,

algo me será revelado a cambio

de mi insomnio, de mi valentía.

No crees nada de eso,

y hace mucho frío,

y te sobresalta el eco de tus pasos

o la súbita aparición de las luces de un carro

que pasa como una exhalación junto a ti,

efímero, casi como si lo hubieras soñado.

No crees que nada se te revele,

no crees que nada pase,

no crees que nada cambie.

Sin embargo,

esperas,

angustiado y solo,

el inicio del día.

Esperas

y fumas,

y la ciudad es otra

en medio de la noche.