Inicios

Texto: María Paulina Arango
Ilustración: Valeria Uribe

Inicios - Bajo Asfalto

Después de un fin de semana que para algunos es largo y para otros es corto, llega otra vez el día lunes (con sus objetivos y rutinas), un día que sin duda marca el inicio y abre campo para nuevas oportunidades y experiencias.

Por lo general, el sol se asoma y comienza a calentar en la capital antioqueña a las 6:00 de la mañana. A esta hora muchos trabajadores y estudiantes están levantándose para iniciar su día; otros, por el contrario, como algunos conductores de buses, taxis, y otros medios de transporte que ofrece la ciudad, ya han comenzado su labor.

Desde muy temprano inicia el día lunes para muchos medellinenses, que esperan empezar su semana con el pie derecho y la mejor disposición, porque el sobrenombre de “pujante” no se lo han ganado gratis los paisas.

Cada persona tiene su rutina para empezar una nueva semana. Algunos rezan, otros maldicen, otros asumen sus deberes y otros deciden hacer las cosas con toques que marquen la diferencia para no caer en la monotonía (uno de los males del siglo XXI).

La ciudad inicia la semana con miles de historias que describen a sus habitantes, historias que se ven en las caras de los que montan en un bus en la mañana o en los titulares de los periódicos locales; estas bañan a la ciudad de tristeza o de orgullo, dependiendo de qué haya pasado, y a veces, junto con la opinión del clima, son el inicio de conversación perfecta en un viaje en transporte público a las horas de la mañana.

A las 8:00 a. m. gran porcentaje de la ciudad está despierta, esto se evidencia con el ruido de los carros, los vendedores ambulantes, la gente que está apurada por las calles y las oficinas, colegios y universidades, funcionando con toda la fuerza para hacer del lunes un día fructífero; y de la semana que empieza, una semana productiva y enriquecedora. Porque en Medellín, ciudad de montañas y gente cálida, se cree que “al que madruga, Dios le ayuda”.

Solo basta con salir a las calles de la ciudad y ver la movilidad, como los del sur van al norte y viceversa; detallarse el caótico centro con sus negociantes, vendiendo con bocinas ropa, comida y demás productos; apreciar el transporte público lleno de gente de todas las clases y entretenerse con todos los ritos y hechos que trae un lunes en la mañana en una ciudad tan simple y a la vez tan compleja como Medellín, que a pesar de ser pequeña, está llena historias y memorias.