A ciegas #2 – La dama/Hijas de la Tierra

Todos vivimos la ciudad desde lejos. Vemos cosas sin saber sus historias. Escuchamos anécdotas sin ver cómo ocurrieron. Por eso decidimos unir las imágenes y las historias en una sola narrativa. Presentamos ‘A Ciegas’ de Bajo Asfalto; cortos relatos urbanos donde lo gráfico y lo textual se conjugan.
En A Ciegas, un Fotógrafo toma una imagen que se le envía de incógnito a uno de nuestros redactores, quien debe crear una narración para ella. De la misma manera pero en sentido contrario, el fotógrafo recibirá un texto que deberá completar con un retrato urbano.
Tan cierto como lo que le cuentan a la hora del almuerzo, tan dudoso como lo que ve por la ventana de un bus.
A Ciegas exploramos la ciudad.
 
 
Fotografía: María José Vega
Redacción: Camila Rodríguez
 
  • Lazarillo: Texto inspirado en imagen.

a ciegas 2

Hijas de la Tierra (Princesas)

Nos llevaba todos los jueves luego del colegio. Llegábamos a la casa a las doce, almorzábamos frijoles con chicharrón en el calor del mediodía. Hacíamos la siesta cerca al parque, con nosotros tomadas de la mano, cuando no tenía que ir a hacer vueltas al centro. No nos gustaba acompañarlo porque siempre se quedaba conversando con sus conocidos y la ida se retrasaba una hora, por lo que no podíamos jugar en los chorros donde siempre había niños librando batallas. Mi abuelo se resignaba a devolverse caminando a casa con dos reinas empapadas; mi hermana y yo, para luego darnos un baño caliente, cenar y llevarnos a la cama.

 Mientras las observo jugando en el mismo parque de mi infancia, al que por ley de hogar las llevo el mismo día en la tarde y evito tener algo más para hacer, pienso que ya no hay entre ellos esa rivalidad divertida de querer sentirse los reyes del lugar. Juegan sólo con los que conocen; mis hijas lo hacen entre ellas y los otros chicos, muy pocos, no intentan librar guerras épicas como alguna vez lo hicimos.

 Las chicas no saben por qué las llevo allá cada semana, cuando en nuestra urbanización hay una piscina con chorros incluidos y toda clase de diversiones posibles. Espero que algún día entiendan que tienen que librar batallas, que tienen que ser princesas pero también guerreras aunque por ahora, no pasen de ser las del parque.

 Sobre todo, deseo que sepan que a pesar de que hoy en día este parezca un desierto, visitarlo constituirá una de las mayores historias de su niñez; no sólo verán a los mismos niños y adultos, sino que conocerán dragones, caballeros, magos y a todos los demás personajes de los cuentos que al final del día les narro sin que se sepan que son las proezas de mi infancia.

 
  • Invidente: Imagen inspirada en texto.

A ciegas 2

La dama

Cobriza y brillante, debajo del sol que se va ocultando detrás de las nubes preparadas para caer sobre la acera en donde está de pie, inmóvil. Todos saben el secreto para hacerla despertar: las monedas que sobran del pasaje del bus del que han bajado apresurados porque van tarde luego del almuerzo; pero los chicles o las mentas son mejores para esta hora del día.

Rojo, amarillo y verde, una y mil veces. la mujer sigue allí y yo he puesto algunas monedas en las manos de unos chiquillos que observan a la dama, como yo, embelesados por su color y su magia. Pienso que debería haber una en cada esquina, ella y algunos hermosos Caballeros. Las ponen dentro de la alcancía que está debajo de los pies que tienen el color del cielo, el de ahora; y se mueve, pelea contra vientos invisibles que toman forma de buses que se detienen y descargan pasajeros que siguen corriendo.

Algunos cambios de semáforo después, empieza a lloviznar y la mujer de plata a oxidarse por las gotas y la falta de movimiento tras el show con el que los niños sonrieron. Se baja del pedestal de aluminio, toma las monedas que encuentra en su interior, cruza la calle cuando la luz en verde, se lo indica, y decide que el tinto la desoxidará o que al menos, le calmará la sensación de una tarde inmóvil.