A ciegas #1 – Recuerdos Indigentes/Cuidado al Bajar

Todos vivimos la ciudad desde lejos. Vemos cosas sin saber sus historias. Escuchamos anécdotas sin ver cómo ocurrieron. Por eso decidimos unir las imágenes y las historias en una sola narrativa. Presentamos ‘A Ciegas’ de Bajo Asfalto; cortos relatos urbanos donde lo gráfico y lo textual se conjugan.
En A Ciegas, un Fotógrafo toma una imagen que se le envía de incógnito a uno de nuestros redactores, quien debe crear una narración para ella. De la misma manera pero en sentido contrario, el fotógrafo recibirá un texto que deberá completar con un retrato urbano.
Tan cierto como lo que le cuentan a la hora del almuerzo, tan dudoso como lo que ve por la ventana de un bus.
A Ciegas exploramos la ciudad.
 
 
 Fotografía: Juan Sebastián Villa
Redacción: Juan Jacobo de la Cuesta
 
  • Invidente: Imagen inspirada en texto.

A ciegas #1

Cuidado al bajar

El muro de la escuela le indicó que su parada estaba cerca. Camilo miró una vez más por la ventana y calculó el tiempo que le tomaría llegar a la puerta de atrás del bus. Lentamente tomó sus cosas y se paró de su asiento; Siempre se le había hecho molesto pasar por entre la gente, y hoy el colectivo estaba particularmente abarrotado.  Después de un par de empujones y tantos más quejidos, llegó a la salida. Sin esperar, presionó el botón del timbre. El conductor no se dio por enterado y continuó su marcha. Molesto, Camilo presionó de nuevo el timbre, y gritó al conductor:

–  ¿Está sordo o qué?, ¡si quiere para!

Lo que fue correspondido con un brusco frenazo. Evocó en murmullos la madre del conductor, e indignado, procedió a bajarse.

El sonido de un golpe seco retumbó en todo el bus. Al principio no sintió nada, pero rápidamente un punzante dolor se posó en su cabeza. Dolor que se agudizaba a cada segundo, no solo por el golpe, sino por los ojos de los demás pasajeros que lo miraban fijamente a él, ahí parado en la acera, sin saber si, soportando la tortura, huir del centro del escenario para evitar la humillación de aceptar su desgracia. Los segundos le parecieron horas, y el dolor se le hizo insoportable. Camilo llevó su mano a la frente a la vez que el bus siguió su camino. Y quedó solo, parado sobre la acera; sin dolor, sin espectadores y, en su mente, sin dignidad.

 
  • Lazarillo: Texto inspirado en imagen.

A ciegas #1

Recuerdos Indigentes

Claro, también es usual que los recuerde en sueños, aunque cada día los detalles se hacen más borrosos; quizá es por ella, no se. Hay cosas que no se olvidan, eso sí; recuerdo mucho mi cama, lo hago cada noche; hoy si encuentro algo en qué apoyar la cabeza me doy por bien servido. No; si duermo con ella me doy por bien servido. A veces me acuerdo también de los últimos tenis que compré, ahí en el centro. ¡¿Caros?!, bastante, pero eran buenísimos.

No, no crea que es tan grave, es monotonía, como todo. Uno se aburre a ratos y se le vienen mil cosas a la cabeza, sí, pero uno se acostumbra. Uno aprende a caminar descalzo, a dormir en la calle, a oler maluco… Mentiras, uno no se acostumbra, sino que ya no le importa, ya nada importa, solo encontrarla, y así es que se le va a uno la vida, lo poquito que le queda.

Y pensar que antes la buscaba para escaparme de esa realidad, ahora la busco para volverla a vivir, así sea unas horas. Pero entre más vuelvo, más se aleja. Curioso.