Uno es su peor enemigo

Lucas Vargas Sierra.

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Uno es su peor enemigo. Espía. Saboteador. Uno es la trampa más grande que puede plantarse a los pies. Aquí estoy: más viejo, más sabio; más viejo, más agrio; más viejo, más necio; más viejo, más viejo, más viejo… Créanme, lo intento, eso de lograr las metas, de aspirar el triunfo, de alcanzar los cometidos. ¡Pero es tan dulce el fracaso; tan dulce y tan mío; tan cercano al corazón!

 Ah, me despierto, recorro las distancias, entro a los salones, hago lo posible por prestar atención. Pobres los profesores, unos entienden mejor que otros y no se ofenden. Porque uno está ahí, la tarea es escribir una noticia, reportería, redacción… Actualidad, interés general, utilidad.

¿Qué quiere el lector? ¡Cómo esperan que lo sepa! ¿Qué necesita el lector? ¡Cómo esperan que lo sepa! ¿Qué debería saber el lector? ¡Cómo esperan que lo sepa!… que Ulises volvió a casa, quizás; que Jesucristo murió por nuestros pecados, quizás; que la fórmula de la eterna juventud es el retrato que dibuja quien secretamente nos ama, quizás; que todo es un gran cuento, un gran juego, una gran broma…

Una gran broma. Lo tengo todo, todo para lograrlo, al alcance de las manos… Sin embargo, aquí estoy, lamentándome delante de vuestras narices (querido público), huyendo a la responsabilidad, siendo un orate que vocifera, un estúpido mandril, un soberbio hijodeputa cuyos aires de grandeza -bien mirados- no son más que un terror infinito a enterarse, demasiado tarde, que eran los otros los que tenían la razón.

 Uno es su peor enemigo. Me arde la piel, me muerdo como un perro con sarna, persigo mi cola, la alcanzo, me trago los pies. Uno es su peor enemigo, pero, ¡ay!, que haría sin este payaso, sin este que no teme al ridículo, sin este que reparte papelitos con cuentos, sin este que se ríe de todo y de sí, sin este que le apuesta al amor sobre la tristeza y que ahora se burla de todo lo anterior afirmando:

 -Hombre, no es para tanto. No se trata de una cirugía a corazón abierto, la vida de nadie descansa en tus manos. Siempre se puede ser barrendero, y recuerda: la escoba es un corcel de batalla o una de esas guitarras de rock.

 Y me abraza, y me dice que todo irá bien, que lo único que uno tiene que hacer es nunca, pero nunca, confiar en un hombre que no tenga cicatrices en los nudillos.