Crisis de religión

Carolina Campuzano Baena

En la actualidad se vive una crisis en las religiones tradicionales, sin embargo, los fenómenos religiosos se han expandido.

“¡Dios ha muerto!”, quizás piense usted o tal vez cuando está en peligro se eche la bendición o de pronto, alguna vez, le ha dado por meditar; pero lo más probable es que haya evidenciado una crisis en las religiones de Cristo, Buda y, en menor medida, Mahoma.

“Hay crisis frente a instituciones tradicionales pero no frente a la religión”, afirma Jesús David Cifuentes filósofo de la Universidad Pontificia Bolivariana. Según él, a pesar de que las doctrinas tradicionales han perdido devotos y se haya aumentado el número de personas indiferentes a estas, en la actualidad se vive un fenómeno de expansión de los fenómenos religiosos. Así, una religión se caracteriza al tener un credo, al materializar las creencias en una dimensión ritual, al crear comunidad y, por último, al generar moral o modos de vida, mientras las experiencias de fe contemporáneas son las que destruyen o abolen alguno de estos principios.

Las funciones que cumple la religión en la vida del hombre permiten que esta no se haya quebrantado del todo, pues el ser humano siempre está en la búsqueda de la trascendencia y esto se manifiesta a través de las creencias que se tengan en torno a una religión o a un fenómeno que dotan de orden y significado al mundo: que la muerte no es angustia, que el paraíso aguarda con manantiales de leche, que mañana nos vemos, si Dios quiere; son maneras de darle sentido a la existencia. Además proporcionan un control social, es decir, normas que posibilitan la convivencia y por último, nadie lo niega, son reductoras de ansiedad frente a lo que el hombre no puede controlar.

Santas pecadoras

“Donde está lo humano está lo imperfecto y donde está el poder está la ambición. La iglesia es una santa y es pecadora”, comenta el sacerdote de la arquidiócesis de Medellín, Jorge Iván Álvarez. De ahí que las instituciones tradicionales religiosas son las que están tambaleando ante la pérdida de devotos que se han decepcionado o cansado de ellas más no las religiones. En el caso de la iglesia católica ha habido un desencanto en cuanto a la jerarquía de esta organización, los escándalos sobre casos de abusos, la estricta normatividad frente a una familia nuclear en un mundo en el que se habla de muchas posibilidades de familia, todos estos han sido motivos para la deserción o falta de afiliación de personas, son casos que han demostrado a las instituciones como algo humano.

Según estudios hechos en 2010 por el Pew Research Center, “La creencia en Jesús sigue siendo predominante en el mundo, con 2.200 millones de cristianos, la mitad de los cuales son católicos (…) El grupo religioso de los musulmanes, el segundo más grande del mundo, tan solo en Oriente Próximo y el norte de África hay 317’070.000 hijos de Alá. En el planeta son 1.600 millones y representan el 23 por ciento de la población”. Este aumento de fieles a una religión tan ortodoxa, según Cifuentes, se debe a la propaganda negativa y a la búsqueda de las personas de una identidad dentro de un grupo.

Después de estas religiones, en un tercer lugar, se ubican aquellos que son indiferentes a la religión: “No me interesa si dios existe o no, igual no lo puedo conocer”. Una de las causas de este fenómeno radica en que a través de los medios de comunicación en la sociedad globalizada, se ha evidenciado la multiplicación de los estilos de vida que le llegan a las personas y los conceptos de lo sagrado se trasladan a discursos que no involucran lo religioso como en el caso del medio ambiente.

Pero no se trata de ateísmo, el sacerdote Álvarez comenta que el ateísmo fue un fenómeno de finales del siglo XIX y principios del XX, en el que se renunció a la trascendencia, a la accesibilidad a lo divino del entendimiento humano. Hoy aunque no todos los parámetros sociales se den en torno a Dios como en el medioevo época en la que se considera que incluso no hubo ateos, según el historiador francés Jaques Le Goff, también se aceptan diversos tipos de experiencias religiosas que no vinculan necesariamente a las instituciones y que reinterpretan el mundo con discursos alternos en mundo del consumo que aniquila el sujeto, lo que justifica la expansión de las vertientes orientales, según comenta Cifuentes.

Las religiones mantienen sus posturas porque si se exponen a un cambio constante tienden a desaparecer, aunque se han puesto la tarea de tener en cuenta las principales transformaciones sociales, como el caso de la iglesia católica con la formación de dicasterios para plantear una Nueva Evangelización.

A pesar de la situación que afrontan las principales religiones, la crisis no es el fin, según la RAE es una “mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales”. Así, mientras tanto, la religiosidad sigue siendo un elemento importante en búsqueda de proyección, refugio o sentido en la vida del ser humano.