En Medellín no hay Psychobilly, y así está bien.

Por: Juan Sebastián Villa Ortiz
Fotografía: Héctor Duque

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A Tito le pusieron ese apodo cuando estaba pequeño, una de las únicas cosas que hizo de niño por fuera de su casa fue montar patines con su grupo de amigos, y una vez uno de ellos, muy mariguanero lo llamó así en medio de una traba. El mote quedó chapado.

Mientras los niños de su cuadra jugaban con carritos y hacían cotejos de futbol, Tito ponía los carros en la pared sin sacarlos del empaque y tenía pulgares más fuertes que el resto a causa de tantos videojuegos que había completado.

Él ha sido un geek de corazón desde el colegio. Colecciona Hot Wheels, ama Star Wars, y ha pasado sus tardes jugando consola y alimentándose de sus historias. Todavía lo hace.

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Su casa es un testimonio tanto de su amor al estilo de los cincuentas como un templo que idolatra el geekismo acaparador. Aviso de infección zombi pegado en la puerta de entrada, afiches de Pin Up cadavéricas, CD’s de Elvis, naves del Imperio Galáctico, botellas de Jägermeister, figuras de Tim Burton y la línea evolutiva de las consolas de SONY, Nintendo (portátiles y de mesa) y XBox, estos detalles y más lo hacen un pequeño paraíso para el niño nerd que muchos llevamos dentro.

Primer paso hacia el Psychobilly

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Todo comenzó con su papá. El viejo le ponía música de Elvis, ídolo personal, y el feeling del rey se quedó con Tito para siempre. Más adelante, cuando comenzó a tatuar enfocado en el estilo tradicional de los 50’s, los cabos empezaron a unirse.

John Rodríguez, tatuador bogotano, fue quien le mostró por primera vez Straycats hace 14 años, o 15, o tal vez en el 2000. Tito iba con camisa de boliche negra en llamas, John le preguntó si escuchaba Rockabilly, él no le entendió; pero la conversación lo abrió a un mundo que parecía haberlo estado esperando desde el siglo pasado.

“A la gente le gusta mucho separar psycho y rockabilly, pero básicamente son lo mismo.” Los 50’s fueron una época en la que primaba la elegancia. El Rock and Roll, las películas de terror, los Converse, todos fueron símbolos de la rebeldía adolescente del momento. El rock continuó hacia los 60’s, se hizo psicodélico, nació el punk y el metal, los colores vivos y el pelo brillante desaparecieron entre negro, cromo y lodo.

En los años 80’s la estética y el sonido de los 50’s volvieron a plagar el imaginario de un mundo que gracias a medios de comunicación, cada vez con más alcance, veía crecer la influencia cultural de EEUU, y los gringos miraron atrás, 30 años, a una época que consideraron más pura, limpia, glamorosa. Entonces el Rock and Roll revivió como Rockabilly, y paralelo se generó una imagen espejo que daba un lado divertidamente oscuro. El Psychobilly. El psycho es más punk, más rápido, pero uno te conduce al otro inmediatamente.” El psycho transgrede la estética rocanrolera, le pone una capa de punk por encima.

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Capital cultural

El closet que Tito comparte con su esposa es una ventana a otra época. Estampados de cereza, manchas de leopardo, flores, colores casi neón, llamas, cuadros. La revolución textil tiene un pequeño museo tras esas puertas.

Mientras el rockabilly revive los 50’s en lo básico y lo clásico, el psycho lo exagera y controvierte. Entre el capital cultural que uno de ellos podría llevar encima están camisetas peleoneras, de bandas, camisas de bolos, leñadoras, hawaianas, animal print o camisas de mecánico. Aunque en el psycho se tiende a no usar camisas, el intercambio de símbolos y capital  está abierto a la interpretación y reafirma que los límites entre los dos géneros son borrosos e inefectivos. No hay restricción de colores en el rockabilly.

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Los zapatos van desde las elegantes zapatillas que en la época se usaban con Dickies o pantalón de paño, pasando por Creepers hasta los infames Converse, que a menos que fueran usados por un deportista de colegio o universidad, se consideraban desaliñados, de obrero, de barrio bajo o de vago.

Noto un desodorante Old Spice en su closet, para nada una coincidencia. Quienes viven montados en este Hot Rod lo llevan al revés del metal o el punk. No se comienza por la música y se llega a la estética y el estilo de vida, se empieza por el estilo de vida y la música viene por defecto. Entre sus elementos de aseo personal hay grasa para el pelo Murray’s, barbera y peinilla siempre a la mano.

Tito solo usa Levi’s por gusto personal, de corte recto o ceñido, o pantalones de dril tipo Dickies. Los Levi’s se remangaban porque en esa época todos venían de fábrica del mismo largo, y muchas veces se los heredaba de los hermanos mayores o el padre, por lo que se doblaban un dedo bajo el tobillo y se seguía la vida.

Encima de todo se llevan chaquetas de cuero tipo punk suavizadas con colores chillones, animal print o algo que haga referencia al rockabilly, Varsities, sacos elegantes, busitos de abuelo, chaquetas de jean u otra cosa que lleve la nostalgia de primera mano.

El valor cultural de los objetos está en la historia, su significación cultural y su valor al mantenerse vigentes tras más de 60 años.

Para el que no conoce, Tito se viste como Charlie Harper, Elvis, o como un viejito.

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¿Por qué no hay Psycho en Medellín?

Tito considera que el psycho nunca pegará en Medellín porque la moda la mueven los adolescentes, y el psycho no es moda. “Lo intentó ser hace 4 años que se armó una escena, y que muchas niñas empezaron a querer ser Pin Ups, y pocas saben que para los 50’s las Pin Up’s son putas. La ropa es cara, difícil de conseguir y te tienes que vestir casi como tu papá. Pocos adolescentes se quieren ver como su papá.”

Un psychobilly para Tito es alguien que evoca la época y busca vivir el estilo de vida. Remembrar lo viejo es algo que quien haya visto volver al futuro conoce y de alguna manera entiende. Pero como el psychobilly no está masificado no es una moda.

Él considera que esta ciudad no necesita un movimiento ni un boom hacia el Psycho y el Rockabilly. Las modas lo que hacen es distorsionar. La gente cree que este es un cuento musical, y se quedarían en la moda por un tiempo, luego se aburrirían y ahí quedaría todo. Este es un estilo de vida y uno siempre debería seguir así, igual. No importa si te gustan otras cosas, Esto no te dice que tienes que hacer, escuchar, como tienes que mostrarte. Simplemente evocar la época y meterle tus cosas.

En Medellín hay bandas como “El Dorado”, en Bogotá “Salidos de la Cripta” hay gente como Tito, hay personas que viven los 50’s gota a gota cada día, pero no hay un movimiento, un frente de bandas o un bar del estilo al que todos esperen que sea sábado para engrasarse el pelo, sacar la mejor pinta, pisar sus Creepers y rocanrolear.

En Medellín no hay Psychobilly, y así está bien.